Navegante solitario
De Brasil a la Patagonia

DE NUEVO EN VIAJE
ln¡cio el largo
retorno.
Las maniobras se
suceden. El rumbo es bueno. El barco va...
Voy encontrando mi paz,
mi tiempo, algunas respuestas, y nuevas preguntas.
Las noches estrelladas
son una gloria. Pero cuando gana el cansancio los cuarenta minutos escasos que
puedo dormir de corrido se me hacen cortos. Verificado el rumbo, y sin buques a
la vista, otros cuarenta minutos de sueño me aguardan...
A los diez días de mar
y cielo, con mis tablas y mi sextante, un reloj y un compás sin compensar,
aparece por fin tierra a mi vista. La costa uruguaya.
BUENOS AIRES
Llego a Buenos Aires el 26 de Octubre, no pude llegar para el cumpleaños de Ofelia, pero lo festejamos todos juntos de nuevo, dos días después.
Hubo de todo. Desde el
reconocimiento (en medio del río) de la gente del Fortuna II, hasta la increíble
"onda" de tantos veleros que se acercaron para conocer de cerca al
Gandul, y preguntar por nuestros viajes, mientras navegué con mi amigo Daniel
desde Retiro hasta San Isidro. Las proyecciones del audiovisual "La Antártida
a vela" en varios Clubes Náuticos.
Un amigo me acompañaría hasta Mar del Plata: Omar Mejías, quien me acercara hace quince años al cariño por la náutica.
Buena navegación,
cuatro días después de nuestra zarpada -calmas,
temporales, vientos francos y de los otros mediante- entramos al Náutico. Con
la satisfacción de
HACIA COMODORO Y
FINAL
Martes 13 de Noviembre.
Zarpo contra la tradición.
El saludo de los amigos
Marplatenses es el último recuerdo de tierra.
Ahora tengo radio
(gracias Daniel!). Al menos puedo pasar mi posición y solicitar información
metereológica. Y hasta tener seguridad en este espeso banco de niebla.
Todo este mar y este
cielo están aquí para mí!
Llegando al Golfo San
Jorge un avión de la Pretectura Naval Argentina me hace vuelos rasantee, cálidos
saludos y boletín meteorologico. Me acerco a casa...
Temporal en contra.
Pico Salamanca. Cerro Chenque... Querido cerro Chenque, que te veo chiquito y opacado.
Voy llegando.
Viento en popa. Cielo
azul. Mar más azul. Gaviotas, gaviotines y más...; posados en la superficie y
volando en derredor; pingüinos y delfines, varios a cada lado del barco, acompañándome.
La naturaleza es quien más tiene para enseñarnos. Navegar es fantástico.
A las 22.30, a toda
marcha, a toda vela, a toda emoción, entro en la Rada de Comodoro.
Me fundo en un abrazo
con Ofelia, Ignacio y Facundo.
Tras seis meses estoy
-estamos- de vuelta.
El Gandul reposa a
pocos metros. Noble "fierro".
El largo viaje ha
terminado.
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SI
PARECE En
poco más de una década logramos vivir un presente tan bueno como soñáramos. ¿Por
qué somos tan dichosos? Entre las incontables decisiones que tomamos,
día a día, durante estos años, está la llave para entender nuestra
realidad. Lo
que vino "malo" pudo convertirse en bueno utilizándolo
convenientemente, es decir, intentamos moldear nuestra vida según
nosotros deseábamos, sin aceptar "fatalismos". Aquella
falta de recursos (a otros les era "tan fácil"), la escasez
de comida y el frío de nuestro primer viaje al Sur, y otras
experiencias en principio muy negativas fueron nuestras mejores armas,
nuestra carta de triunfo; y esta actual sensacion de dicha y felicidad
tiene mucho que ver con ello, con "torcer" nuestro destino
para transformarlo positivamente. |
EL
HOMBRE Y EL MAR
Vivir en el mar, un hecho tal vez causado por la inseguridad de las grandes ciudades, por el ritmo aceleradod de las cosas, impuesto a las personas. También las restricciones a la libertad individual son innúmeras, por eso no es de extrañar que la última frontera que nos resta -el océano- sea la dirección escogida por muchos. Vivir en el mar, los días de hoy, es un ejemplo de independencia en relación a las imposiciones del consumismo de nuestra sociedad. El automóvil se torna innecesario. Teléfono, cuenta de luz, impuestos, vecinos indeseables, ruidos excesivos... todo eso es dejado... Usando un moderno velero es hombre puede encontrar una cosa tandifícil en nuestros días: tiempo para leer, oir música, meditar, observar la naturaleza. La vida simple y pura que el mar proporciona hace un enorme bien, tanto físico como mental. Aunque se encuentren obstáculos -como los burócratas o piratas- aún así valdrá la pena descubrir el mar, este mundo de sensación y libertad. (Anónimo encontrado en el Iate Clube de Porto Belo) |